La Petardo de Echesortu
Historias de Rosario Freak

La Petardo de Echesortu (parte III)

     El segundo año en el colegio empezó más tranquilo, porque las alumnas ya se conocían entre ellas. Pero justamente esa misma causa, el saber quién es quién, era lo que provocaría también, nuevas rivalidades. Suele pasar, en los colegios de monjas, que las alumnas generen relaciones particulares entre ellas y con las hermanas religiosas educantes. El no ser un colegio mixto, no lo diferencia mucho de los otros. Pero en este caso, el contexto de enseñanza religiosa genera entre las niñas o adolescentes, un clima de moral con el que se convive en una idea de lo bueno y lo malo, que se hace extensivo a todas las relaciones.
    Con las religiosas siempre ocurre que existen "las buenas" y "las malas". Suele decirse luego de "las malas" que en verdad no son tales, pero su rigurosidad y exigencia las hace ver así. En verdad no es más que un esquema de conducta humana normal, que pierde algunas variables de naturalidad, entrando peligrosamente en un ruedo de perversidades, donde las personas se identifican en este par, opuesto y complementario, entre lo bueno y lo malo. Pero la fe tiene lugar para ambos aunque el discurso no sea exactamente así.
    Gabriela, por ser distinta y por existir rumores sobre ella, quedaba inevitablemente del lado de "las malas", que se juntaba con "las distintas", que por diferentes quedaban fuera del círculo exclusivo y excluyente de las niñas de bien y para el bien. Para estas el futuro les sonreía como correctas madres de familia o exitosas profesionales (ya existía esta tolerancia hacia las mujeres incluso en ámbitos religiosos), en carreras educativas o humanitarias.
    Tampoco tenía allí, lo que suele llamarse, verdaderas amigas. Sólo compañeras y camaradas con quienes se solidarizaba en el infortunio discriminatorio del que solían ser víctimas, del que sabría oportunamente como vengarse. Hasta que un día llegó la gran novedad, como un regalo del cielo, la madre superiora interrumpió de pronto la clase de lengua, para presentarles a una nueva compañerita, que se incorporaría a partir de ese día al curso. Gabriela desconfió en el primer momento, pero la forma en que vio a Silvina le cambiaría para siempre la forma de mirar a algunas mujeres. Se preguntó en ese instante, como lo hicieron todas, a qué bando de esta moral dual pertenecería, y aunque algunas de las niñas correctas y educadas pensaron que sería una de ellas, Gabriela sabía y deseaba que esta nueva y bella compañerita, sería algo más que su amiga íntima.


     María Silvina Hurtz Uriburu, como se llamaba, era distinta, no era una chica de barrio. Era una chica del centro, aunque un tiempo había vivido en Buenos Aires. Ahora a su padre, gerente del Banco Provincial, lo habían trasladado a la sucursal Echesortu. Con todo, esta no era la verdadera razón del cambio de colegio, en el Alemán, donde cursó el primer año, no había consiguió cupo, o al menos esa fue la excusa que dieron. Pero a su padre, por más que era muy influyente, no le importó demasiado y evitó un escándalo, cambiándola a un colegio de barrio. Tenía otras prioridades para su futuro.
    Ante la mirada de las demás chicas, aquel primer día no se inmutó. Estaba acostumbrada a ser presentada en sociedad y a ser observada, aunque esta vez, socialmente le significaba un descenso. Sus cabellos rubios brillaron, si bien era un día nublado, evidentemente se trataba de un corte de peluquería, que hacia que su fino rostro quedara perfectamente enmarcado, haciendo resaltar sus ojos de un extraño verde, que con los cambios de luz se veían más azulados.


     Su piel era muy blanca, casi paya, pero de su suavidad Gabriela sólo supo unos meses después, cuando ya siendo amigas, mientras se cambiaban en el vestuario antes de la clase de gimnasia, se le acercó muy tímidamente. Mirándola a los ojos, como cuando un chico decide acercarse a una chica, justo antes de besarla por primera vez, estando frente a frente, rozó con la punta de sus dedos la piel de sus brazos que estaban como piel de gallina en los primeros días de invierno, le preguntó con la voz entrecortada:
-¿Tenés frío?
-No, con vos no. Le respondió ella con seguridad. Y la abrazó tiernamente.
    Mucho no duró el abrazo, porque ya las otras compañeras empezaron a mirar y murmurar sobre ese abrazo y esas caricias que excedían de alguna manera, aunque tengan mayor permisividad, las que habitualmente suelen darse dos adolescentes que se demuestran su afecto.
    Como ya dijimos, Gabriela era mal vista, tal vez por no hacer lo políticamente correcto, pero aunque no sabía bien cómo demostrarlo, cosa que le traía siempre problemas, tenía mucho amor para dar en su corazón. ¿Por qué criticar entonces su forma de expresarlo?


Octubre 18, 2002
Lista de capítulos
1 - El origen 2 - Cambios 3 - Buenas y malas 4 - Dobladillo 5 - Aromas 6 - Eureka
7 - Censurado 8 - Tilinga 9 - Exámenes 10 - Bares 11 - Diferencias 12 - El qué dirán
13 - Pelusitas 14 - Regalale flores 15 - Estrambótico Volver a Rosario Freak