La Petardo de Echesortu
Historias de Rosario Freak

La Petardo de Echesortu (parte XV)

    La inserción laboral nunca es sencilla. Tarjetera de boliche, peluquera, vendedora en panadería, éstas y algunas otras serían las tareas, que sin llegar a ser oficio, serían las que tal vez podría pretender una chica de barrio, sin mayor formación que un bachillerato.
   Por más que muchos trabajadores de la educación opinen lo contrario, sus programas educativos generalmente conllevan un grado de abstracción y desconexión con la vida real, que quien finaliza sus estudios, es un bueno para nada, con mucha información pero de uso poco práctica. Entonces empiezan los choques o la decisión de continuar con un terciario, o por qué no, pretender una carrera universitaria, mientras ésta sea gratuita. En algunos casos no harán más que postergar el problema, en otros empezará a tener sentido como vía de solución.
   Gabriela no dio muchas vueltas, ella siempre fue inquieta y la idea de la dependencia económica no le gustaba nada. Primero de sus padres y el pensar en un futuro marido como una necesidad la angustiaba. Debió encontrar su camino lo antes posible.
   Dentro del entorno educativo no se destacaba, pero fuera de éste podía generar muchas cosas. Entre los varones se volvía rápidamente líder, más allá de su grupo de amigos, su actitud la volvía objeto de deseo de cuanto se cruzaba, capacidad que sabría explotar. No sucedía lo mismo con sus congéneres, por el contrario la mayoría de las veces despertaba odios. Pero para quienes regentean las discos eso no era importante.



    Así conoció a Carlos, él trabajaba en el boliche que supo ser un popular cine art deco, el cine Echesortu, reformado y vuelto discoteque. Las primeras salidas y los "asaltos" habían quedado en su pasado y la fascinación por conocer otros lugares y chicos más grandes la atraían particularmente. Aun no medía con precisión quién era quién, y ni la especulación ni la reflexión, fueron características de su personalidad. Por el contrario podría decirse que era bastante atolondrada, pero para Carlos era una virtud, casi una bendición, era justo lo que necesitaba para convocar masivamente a quienes serían los habitués y clientes del lugar.
   Luces de colores, flashes, ritmos movidos a todo volumen, invitaban no sólo a bailar, sino también a la excitación y el desenfreno. La mirada de todos los chicos sobre ella, los celos de la mayoría de ellas también, la oportunidad perfecta para ser, al menos en ese ámbito, una líder por naturaleza, y como si fuera poco, remuneración económica. Simbólica y difícil de cobrar, pero estaba bien, de alguna manera había que empezar.
   Las que fueron gradas o plateas altas del cine ya conocían de la pasión en la oscuridad, la magia del celuloide había hecho realidad varios sueños y fantasías. Luego fue otra cosa, pero el espíritu seguiría, de otra manera, con otra decoración, otra función, pero en más de un rincón los chicos y las chicas encontraban el espacio para conocerse más íntimamente.


 - ¿Y, Peta, qué te parece, te gusta? - preguntó Carlos.
- Me parece estrambótico- contestó Gabriela.
- ¿Estraqué?
- Digo, el lugar es raro, está bueno, pero lo tuyo...
   El volumen de la música era demasiado alto para conversar y Carlos no escuchó ni quiso escuchar mucho más, la mezcla de champagne y fernet, si bien lo excitaba, a veces no le daba el efecto deseado con las chicas en los "reservados". Gabriela no se decepcionó, tenía mucho por aprender y conocer y ahí se sentía feliz. Aunque no recordó el incidente, Carlos nunca olvidó la palabra estrambótico.


Enero 6, 2003
Lista de capítulos
1 - El origen 2 - Cambios 3 - Buenas y malas 4 - Dobladillo 5 - Aromas 6 - Eureka
7 - Censurado 8 - Tilinga 9 - Exámenes 10 - Bares 11 - Diferencias 12 - El qué dirán
13 - Pelusitas 14 - Regalale flores 15 - Estrambótico Volver a Rosario Freak